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En 1919 Lunacharski dijo: “Es necesario dar mayor importancia a la industria que al arte puro” es decir, a un arte cercano y comprometido con la vida. La Revolución de Octubre propuso una reorganización trascendental a la que contribuyeron artistas y diseñadores comprometidos con el nuevo orden. Así el arte, como nuevo lenguaje político, debería estar dedicado al pueblo para su desarrollo y educación. La vida artística tradicional cambiaba radicalmente involucrándose en ese proceso de construcción del mundo. La centralización soviética y la creación de talleres y escuelas, hizo que se planteara un modelo en que propaganda y diseño servirían para describir las bases del estado. Dentro de la exposición Vanguardias Rusas en el Museo Thyssen-Bornemisza y la sede de la Fundación Cajamadrid se puede contemplar una amplia retrospectiva del diseño soviético en el apartado Diseño gráfico y arte de propaganda (1918-1934). Libros, carteles, fotomontajes y propaganda realizados por Malevich, El Lissitzky, Rodchenko, Stepanova o Klutsis entre otros, en uno de los periodos más creativos más febriles que fundamentarían las líneas esenciales del diseño contemporáneo. Desde el primitivismo, pasando por el constructivismo, hasta su anquilosamiento a partir del 1928, debido a las premisas del realismo socialista, al que se adaptarían los artistas soviéticos antes de ser apartados o eliminados por la maquinaria estalinista. Juan Agustín Mancebo Roca
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