![]() |
|||||||||||
![]() |
|
Libro del mes // Julio 2009 Diez años después de la llegada de los Soviets al poder, el viaje a la Unión Soviética se pone de moda. Ya no se corre ningún riesgo, el régimen está asentado y se abre a los visitantes. Se construyen nuevos hoteles, se delimitan los circuitos turísticos y se crea un servicio de acogida, el Intourits. Claro que no falta el guía oficial, omnipresente en el camino de los viajeros indisciplinados. La URSS quiere ofrecer ahora la imagen de una sociedad pacífica, feliz de combatir el hambre, decidida a declarar la guerra a la propiedad privada en el campo y a la pereza de la industria. Ese fue el escenario que encontró F. Blasi i Vallespinosa cuando, a bordo del Cap Polonio y en compañía de un centenar de españoles, visitó las costas escandinavas y desembarcó en Leningrado el día 28 de agosto de 1928: la primera impresión que les produjo la ciudad fue de tristeza. A J. Vecino Varona, catedrático de Física de la Universidad de Zaragoza, invitado por la Academia de Ciencias en su bicentenario, la antigua capital zarista le pareció una ciudad moderna, trazada a la europea y el hotel donde estaba alojado, el Europa, dotado del máximo confort. Allí fue alojado también Luis Amado Blanco, médico y escritor asturiano, que viajó a la antigua San Petersburgo dos años más tarde, en el verano de 1930, en compañía de su esposa, durante su viaje de bodas. El itinerario que siguieron fue fijado por madame Beletzki, su guía oficial, y las visitas realizadas no se diferenciaron de las llevadas a cabo por otros turistas occidentales: la catedral de Nuestra Señora de Kazón, el jardín y palacio de Verano, el palacio de Invierno y el Ermitage, el Smolny… de los que ofrece descripciones ajustadas, escritas con buen estilo, con gusto por la síntesis y a la búsqueda de la expresión rápida, entrecortada, en palabras de José Ramón González. Le llamó la atención la abundancia de objetos de propaganda política, en particular las representaciones de Lenin; de hecho, sus estampas eran arrebatadas por la multitud “como los peregrinos de una imagen milagrosa” – p. 151-. No duda en considerar la veneración de Lenin como un fetichismo malsano, ni en criticar la lentitud en el trabajo a la falta de libertades. Pero su valoración de conjunto es positiva, en la creencia que sin Rusia, la fecha de partida hacia una nueva vida más justa estaría todavía muy lejana. Así dio por realizado un sueño largamente anhelado y su testimonio vio la luz en 1932, en la editorial Plutarco de Madrid, con la compañía de 33 fotografías originales, buena parte de las cuales han sido rescatadas ahora. Miguel Cortés Arrese
|
© Art Travel Russia |
Más libros del mes |