![]() |
|||||||||||
![]() |
|
Libro del mes // Junio 2008: Norton Dodge, catedrático de economía soviética en la Universidad de Maryland, realizó varios viajes a la URSS, lo que no sería nada extraño si pensamos en su tema de especialización. Lo que resulta fascinante es que sus viajes no solo servían a sus propósitos académicos, sino también a buscar, comprar y sacar ilegalmente obras de artistas contemporáneos perseguidos por el régimen. Algo que todavía se complicaba más con las restricciones para los norteamericanos, las dificultades de Dodge para desenvolverse en el día a día y la política represiva hacia cualquier manifestación cultural que no fuera bendecida por los soviets. Este libro hace un recorrido por la historia de un hombre que sacó 9.000 obras de arte sin levantar sospechas, en la que hoy se considera la mejor colección de arte soviético desde 1955 hasta la extinción de la URSS. El libro narra algunas de las jugosas anécdotas de sus viajes a las repúblicas soviéticas, en que por la mañana reunía materiales para su investigación académica y por la noche buscaba artistas clandestinos, dando esquinazo al KGB y acudiendo a estudios “disidentes y no conformistas”, con objeto de conocer y comprar obra. Aparte de la crónica de todos los procesos, desde los contactos hasta la salida del país con lienzos enrollados en posters de propaganda soviética: “los álbumes de Kabakov, cincuenta centímetros por veinticinco o treinta, podían llevarse bajo el brazo y parecerían un libro” (p. 58) , el libro se convierte en un sugerente documento sobre las políticas ligadas a la formación de artistas realistas, la represión y la eliminación -incluso física- de los creadores no conformistas que tenían que destruir sus obras para no ser perseguidos las acciones de la policía política, las posiciones de los historiadores de arte no afines, etc. Recoge sustanciales testimonios como los de Nikita Jruschov quien, ante un cuadro de Sergeyevich, le espetó que servía para cubrir orinales: “Debería estar avergonzado. ¿Es usted un pederasta o un hombre normal” y ante otra obra de Zhutovski manifestó: “No vamos a gastar un solo copeck en esta mierda. Tenemos el derecho de mandarlo a cortar árboles hasta que devuelva el dinero que el estado ha gastado en usted. El pueblo y el Gobierno han tenido un montón de problemas con usted y usted les paga con esta mierda” (p. 63). Pese a que se considera que tras Stalin hubo una leve apertura hacia las manifestaciones más vanguardistas, McPhee relata la presión especialmente dura en tiempos de Andrópov y Chernenko, así como el periodo comprendido entre 1960 y 1970. Lo que no esclarece es los medios que utilizó Dodge para sacar las obras, algo a lo que se éste se negó en las conversaciones previas al libro, y en el que el autor sugiere el conocimiento que de sus actividades podrían haber tenido la CIA y la KGB. A través de los retratos de Evgeni Rugin, Ilia Kabakov entre otros, El rescate del arte ruso es un documento para conocer la historia pormenorizada de las vidas de los artistas soviéticos desde la era de Stalin a la glasnost y las acciones que reprimieron un legado cultural que, de no ser por el interés y el riesgo que corrió Norton Dodge, hubieran desaparecido irremediablemente. Juan Agustín Mancebo Roca |
© Art Travel Russia |
Más libros del mes |