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Libro del mes // Marzo 2009:
John Steinbeck
VIAJE A RUSIA
Madrid, Unisón, 2005, 295 pp.
En el verano de 1947, el Herald Tribune de Nueva York subvencionó un proyecto surgido por parte de John Steinbeck y Robert Capa: un recorrido de ambos por tierras soviéticas, con el objeto de ofrecer una visión cercana y libre de prejuicios sobre la realidad cotidiana de este pueblo desconocido y progresivamente demonizado por la sociedad estadounidense. Avalados por el reconocimiento de su trabajo anterior y por su compromiso político, fueron recibidos formalmente en un Moscú que se preparaba para celebrar su noveno centenario como ciudad y el trigésimo aniversario de la Revolución de Octubre. Desde allí trabaron contacto con el mundo literario soviético y emprendieron sendas incursiones por Ucrania y Georgia.
La desenfadada visión de Steinbeck sobre su estancia, complementada por el magnífico reportaje fotográfico del húngaro Capa —desgraciadamente no incluido en esta edición—, se concentra en el detalle anecdótico, a través del que se fundamenta un relato que huye de dramatismos y adoctrinamientos. Ambos reconocen Viaje a Rusia,el resultado final de su periplo, como un acercamiento a la cultura y la sociedad rusas de alcance limitado, dada la gran amplitud de su objeto de estudio, pero independiente y ajustado a la realidad a la que tuvieron acceso, tal como se propusieran inicialmente.
Esa sencillez y honestidad se convierten en las principales bazas de este reportaje novelado, en el que se da cuenta de la reciprocidad de la desconfianza entre norteamericanos y soviéticos, del conservadurismo en lo que respecta a las costumbres de las mujeres, de la gran importancia concedida a la literatura o de la exagerada burocratización de la vida del soviético, siempre desde la ignorancia del verdadero calado del aparato estalinista. Steinbeck deja a un lado la vertiente reivindicativa propia de Las uvas de la ira para adoptar un punto de vista más relajado y humorístico, dentro de las líneas periodísticas de la época en su país, que se refugia en la complicidad generada por los lugares comunes para el lector estadounidense para mostrar el grado de conocimiento que un turista puede llegar a obtener del país y, sobre todo, para humanizar la figura del soviético ante la avalancha de noticias tendenciosamente utilizadas con motivo del avance implacable de la Guerra Fría.
Isabel López Cirugeda
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