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Libro del mes // octubre 2009 Pedro Cubero Sebastián, nacido en El Frasno –Zaragoza- en 1645, ordenado sacerdote tras estudiar en Zaragoza y Salamanca, se trasladó a Roma decidido a ser misionero. Allí fue nombrado predicador apostólico por la Sagrada Congregación de Propaganda Fide con destino a las tierras de Asia, a las tierras en las que la religión católica se hallaba oprimida o poco difundida.
Fue en 1671 cuando inició un viaje que le había de llevar a dar la vuelta al mundo, de Occidente a Oriente, recorriendo Europa de Este, Asía y Extremo Oriente hasta llegar a Filipinas: el famoso galeón de Manila le trasladaría a América. A su regreso a España, tras darse a la vela en el puerto de Vera-Cruz, pudo asistir a la solemne entrada de la reina María Luisa de Borbón en Madrid: era el 13 de enero de 1680. Obtuvo de Juan III, rey de Polonia, en 1673, una carta de presentación para el zar de Moscovia y después de recibir la bendición del nuncio, salió de Varsovia camino de Lituania y Rusia. Sufrió los rigores de célebre invierno ruso y se asombró ante el proceder de los aldeanos y el espacio infinito que se abría a sus ojos. Fue recibido en audiencia por el zar y obtuvo permiso para atender una iglesia de rito latino en Cucuy, un suburbio de Moscú. Se interesó por la religión ortodoxa, asistió a la bendición del río Moscova, el día de la Epifania de 1674, y pudo pasear libremente por la capital, que describe con precisión y criterio. Después de pasar tres meses y medio en Moscú, “derretido el río Moscova” –p.187-, tras dejar a un padre polaco a cargo de la feligresía católica, Cubero prosiguió su viaje camino de Astracán, al encuentro del río Volga, atravesando las tierras de tártaros, maravillado por un río cuyo cauce no dejaba de ensancharse, por la ruta que había seguido Guillermo de Rubruck desde Saratov, a la búsqueda de la gran ciudad comercial que también visitó Ibn Battuta. Su cautivador testimonio de las tierras rusas no es menos atractivo y provechoso que los del embajador del Santo Imperio, el barón Herberstein o el del agregado persa Uruc Bec: convertido al catolicismo más tarde con el nombre de Juan de Persia. Miguel Cortés Arrese
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